Claves para una correcta alimentación infantil

Lo que comen los niños y sus hábitos alimenticios es una cuestión a la que muchos padres no prestan la atención que merece. Tres ejemplos de errores: comer deprisa (o con horarios antinaturales), comer más de lo necesario y convertir la carne en el centro de cualquier comida”

“La sobrealimentación es otro error; se llena a los niños de comida aunque su instinto les avise de que no van a asimilar tanto y ellos quieran expresárnoslo de diversas maneras. Además, el EXCESO DE ALIMENTOS INDUSTRIALIZADOS, con abundantes aditivos y sustancias muy poco aconsejables para la salud, llega a extremos como el del uso y abuso del azúcar, claramente nocivo para todos y muy especialmente para ellos”    

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Antes de pensar en lo que supone la educación alimentaria de los hijos hay que plantearse si nosotros mismos adoptamos una práctica alimentaria consciente, coherente y consistente. “De todos es sabido que los niños aprenden imitando comportamientos más que escuchando  razonamientos”. “En general, los niños no precisan una alimentación ‘especial’ o diferente, sino patrones de alimentación familiar estables y sensatos para aprender mientras crecen” el escenario que ofrecen los supermercados o la explosiva difusión de la comida rápida (‘comida basura’) no ayudan a configurar una alimentación coherente con las necesidades y con la propia salud.

Aquí algunos de los principales errores que existen en la alimentación infantil y de la familia:

  1. La excesiva improvisación.La mayoría de las familias (hasta un 80% según estudios) no planifica sus menús semanales. El resultado de la desorganización es una práctica alimentaria desequilibrada que conduce al exceso de peso. Sin duda, alimentarse bien hoy en día requiere reflexión, una compra inteligente para escoger bien sin dejarse el bolsillo y cocinar un poco más, acostumbrándonos a mirar las etiquetas de todos los productos que vayamos a comprar.

Cuando en la etiqueta de un producto aparezcan muchas E, ejemplo; (E 621), habrá que descartarlo. Quiere decir que contiene conservantes, colorantes, potenciadores de sabor (glutamato monosódico), aditivos químicos en general. Ese alimento está carente de nutrientes y lleno de tóxicos. También hay conservantes naturales, que normalmente vienen descritos y no en forma de código. Éstos no son tan nefastos para la salud, ayudan a alargar la vida útil del producto pero sin intoxicarlo químicamente.

  1. La sistematización del menú a la carta.Salvo excepciones, se recomienda que la familia, pequeños y grandes, se siente a la mesa para compartir los alimentos, con variaciones en la cantidad y en el ritmo que se pueden respetar. Pero atender los antojos individuales por sistema, o preguntar lo que apetece comer a los pequeños, acaba por romper el balance nutricional o bien convirtiendo la cena en un sainete.
  2. Saltarse el desayuno.No desayunar o hacerlo de forma desequilibrada con un exceso de azúcares y grasas perjudiciales es un lugar común en muchos hogares. Resulta útil la provisión de distintos tipos de pan de cereal completo, semillas, frutos secos, aceite de oliva virgen, huevos, queso, atún, embutidos magros, frutas o yogur. Para terminar el ayuno nocturno resulta agradable y necesaria la ingesta de líquido: agua, infusiones, fruta recién exprimida, leche, bebidas vegetales y después seguir con el cereal y la proteína (embutido magro, atún o queso) o prepararlo para llevar (bocadillo).
  3. Picotear a todas horas.Cuando las comidas (cuatro o cinco) se han distribuido bien y se han planificado con criterio sus contenidos, los niveles de azúcar en sangre son más estables (menos subidas y bajadas) y, en consecuencia, es menos probable que apetezca picar entre horas. Los niños que aprenden a comer a sus horas respetan mejor los intervalos y la familia no siente justificación alguna para romper su ritmo con los populares ‘snacks’ dulces y salados.
  4. Comidas tardías y/o copiosas.Los humanos poseemos un ‘reloj interno’ que ajusta los horarios de ingesta con el gasto energético. Parecería pues ilógico demorar la comida y/o la cena más allá de lo necesario. En nuestro país se tiende a cenar tarde y demasiado. Entonces, ¿Cómo van a tener hambre al día siguiente nuestros escolares para el desayuno? Es prioritario adelantar los horarios y organizarse para cenar juntos en familia. La cena debería ser reconfortante pero liviana, para completar las necesidades de todos, sin excesos. Para ello, la verdura, las ensaladas y las sopas serían las protagonistas.
  5. Refrescos azucarados.Las necesidades calóricas de nuestros escolares no son ilimitadas y si las cubrimos, en mayor o menor parte, con calorías vacías, restamos opciones a otros alimentos que sí aportan compuestos bioactivos (minerales, vitaminas o antioxidantes). Cuando se trata de saciar la sed el agua no tiene rival.
  6. Comida rápida.El azúcar o los carbohidratos de absorción rápida se esconden también en la bollería, las galletas, el pan blanco, la pasta y el arroz muy hechos, salsas, helados y postres lácteos y muchos alimentos procesados (sopas preparadas, pizzas y precocinados). Todos ellos son muy atractivos, sabrosos, baratos y de fácil acceso pero conducen a una elevación rápida de los niveles de azúcar en sangre y si no se ‘queman’ se almacenarán en forma de grasa. Cuando estos niveles caen bruscamente a las dos horas se despierta la voracidad por seguir consumiendo estos alimentos. Parece sensato identificar este tipo de comida solamente con el ocio eventual o excepcional.
  7. Demasiada carne y poca verdura.“Al menos termina el filete” suplican algunas mamás. La proteína animal no debe ocupar más de una cuarta parte del plato o bandeja, al igual que las legumbres y/o los cereales del menú. Cereales y legumbres se complementan muy bien y contribuyen también al aporte proteico. Bastan pues pequeñas porciones de carne blanca o de pescado. La carne roja debe ser de consumo semanal, pero no diario. Los verdaderos protagonistas deben ser las verduras y hortalizas
  8. Malinterpretar las recomendaciones, confundir los términos.La recomendación de comer más granos y cereal completo no se refiere a aumentar el número de tostadas o de raciones de ‘barquitos’ en el tazón del desayuno sino a incluir en las comidas la versión integral del grano de arroz, pasta o pan integral y atreverse con otros ‘granos’: quínoa, avena, mijo, cebada, espelta, trigo sarraceno… que conjugan maravillosamente con las verduras o las ensaladas.
  9. Aversión indiscriminada a todas las grasas.Es injusto e imprudente meter todas las grasas en el mismo ‘saco’. Mientras que la grasa hidrogenada de la bollería, algunas salsas y otros alimentos procesados perjudica seriamente la salud, la grasa insaturada del pescado azul, los frutos secos y semillas, aguacates y aceite de oliva virgen debe formar parte del consumo habitual por sus propiedades beneficiosas. Eliminar la grasa visible de las carnes, disminuir el consumo de embutidos (y cuidar su calidad) y considerar la ingesta de lácteos desnatados en la población de riesgo de obesidad o alteraciones de los lípidos contribuirán a racionalizar la entrada de grasa saturada.

En todas las personas pero especialmente en los niños, Los Omega-3 más saludables EPA y DHA se encuentran principalmente en el aceite de pescado y son de vital importancia. Así que, el consumo de pescado azul es muy bueno para todos, pero en especial para los pequeños por la multitud de propiedades que tienen (desarrollo cerebral, memoria, aprendizaje…).

Aprendamos a ser conscientes de la vital importancia que tiene la alimentación en nuestras vidas. Somos lo que comemos. Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina tu alimento.

¡¡Salud!!

Almudena Casado (Nutricionista-Naturópata y Kinesióloga Holística)  logo naturalter

www. naturalter.es

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